
Cuando ayer me encontré con esta noticia en el periódico: Un artista busca un museo para exponer a un moribundo , lo primero que pensé es que se trataba de un juego de palabras pero no, era literal. A un imbecil catalogado como artista, condición para la que no hace falta más que la fe propia y la de unos cuantos seguidores (sobre todos si estos tienen pasta), no se le ha ocurrido mejor idea que poner a un enfermo terminal en una galería de arte para mostrar su agonía y fallecimiento. Esto, en su opinión le permitirá a los ojos del público asistente, teorizar sobre la belleza de la muerte. Y yo me pregunto ¿a este cretino no se le habrá muerto algún ser querido que le haya permitido, a sus ojos, teorizar sobre la putada de la muerte?
No sé si me deprime mas esa afición ancestral que los seres humanos manifestamos por contemplar el sufrimiento ajeno o la estúpida manía de ir siempre un paso mas allá para convertirse en el artista más transgresor. Se antoja que lo siguiente será poner a alguien para que el público asistente pueda, primero abofetearlo y al final matarlo. Todo con una intención artística, claro está, para teorizar sobre la belleza del dolor ajeno y el sadismo propio.
De momento no ha encontrado galería pero si cuenta con un moribundo que se ofrece para el espectáculo, siempre hay un roto para un descosido basta con recordar aquel otro (creo que también era alemán, como este Schneider o sino centroeuropeo) que puso un anuncio en Internet en el que solicitaba una persona que quisiera ser comida por él, también literalmente. Y la encontró, y fueron felices. Al menos durante una cena mientras el antropófago-sádico-activo le comía la polla (con cuchillo y tenedor) al imbecil-masoquista-pasivo. De todo hay pero de ahí a que lo expongan al público y que encima digan que es arte, ¡no me jodas!
Claro que en el pecado va la penitencia y según cuenta el artículo la última performance del artista consistió en hacer esperar al público durante horas ante el edificio de la Opera Estatal, en Berlín, para una vez dentro anunciarles que esa había sido la performance: esperar durante horas a la intemperie berlinesa. Con razón a mí siempre me ha parecido que donde esté un buen cuadro que se quiten las performances y donde esté un buen jamón de jabugo que se quite la mortadela.




